Hace un año atrás, desde estas páginas brindamos mucha -mucha- información sobre el terrible negocio de la muerte de nuestros ancianos en una red de clínicas y sanatorios de la zona, en un evidente negocio con el PAMI y las obras sociales.
Publicamos un valiosísimo material periodístico posiblemente sin precedentes en la zona, que demostraba que un grupo de médicos – empresarios compraban sanatorios especialmente por las ‘cápitas’ de PAMI.
Publicamos inclusive el tenebroso caso del ‘Sanatorio Nuevo Berazategui’ donde el médico cirujano del mismo, era a su vez el Jefe de la Morgue Judicial de Ezpeleta -que debe firmar el consentimiento judicial de entregar el cuerpo a la familia, previo a no registrarse nada anómalo en el fallecimiento- y que -a su vez también- era el dueño de la cochería «Casa Central» (ex Camurri) situada a dos cuadras de la clínica señalada.
No solo a nivel ético era una barbaridad, sino que debió haber sido investigada prioritariamente por alguna fiscalía en turno del distrito, ya que el ‘círculo’ del tema era terrible. Nadie investigó.
Publicamos los boletines oficiales donde están registrados que los dueños del ‘grupo’ son los mismos, que abarcan los tristemente célebres sanatorios ‘Nuevo Berazategui’, ‘Ranelagh’, Belgrano’, Bernal’ y otros, todos casi ‘exclusivos’ para internación y atención de beneficiarios de PAMI.
Sin dudas, el gran negocio de esta actividad es manejar las ‘cápitas’ del PAMI, que son las altas de afiliados que se les brinda a cada clínica.
Cada abuelo que ingresa a una de estas casas de ‘salud’ es sometido a todo tipo de prestación, sea análisis, radiografías, estudios de todos los colores, aplicación y suministro de todo tipo de medicación (en muchos casos que no necesita el internado) y después, cuando ya se ‘agotó’ la «facturación autorizada», comienzan los fallecimientos. «Falleció por un paro cardiorespiratorio» es la sentencia, casi fotocopiada, que aducen los galenos de las clínicas.
El Dr. Palladino era el año pasado el Jefe de la Morgue Judicial de Ezpeleta. Oficial jerárquico profesional de la Policía de la provincia de Buenos Aires), también es médico de planta no solo del ‘Nuevo Berazategui’ sino que hasta atiende en el ‘Evita Pueblo’ de Berazategui.
O sea. Se muere un paciente en la clínica donde él atiende. Él mismo recibe el occiso en la Morgue, y firma que «no hay nada anormal en el fallecimiento, que fue por paro cardiorespiratorio» y autoriza la salida del cadáver.
Y él mismo lo recibe en la cochería de su propiedad. Y eso está documentado.
Ningún familiar -lamentablemente- acude a la Justicia.
Tenemos mas de 4.000 mensajes de quejas, denuncias y protestas archivados, rescatados de ‘Facebook’. Pero nadie lo hace en una fiscalía. Y las fiscalías no intervienen ni siquiera de oficio.
Publicamos el año pasado que en 59 días murieron 80 ancianos en el sanatorio de 141 y 14.
Lo compartieron mas de 25.000 personas, y al día de hoy (un año después) siguen llegando a ese sitio, cientos de denuncias por las extrañas muertes de los abuelos. Pero nadie intervino. Ni juez, ni fiscal, ni legisladores, ni funcionarios provinciales ni nacionales, ni auditores del PAMI.
Nadie.
¿«AYUDAR» A MORIR?
Entre los supuestos que se barajan en silencio, surgió el uso de medicamentos o drogas ‘especiales’ para provocar la muerte de esos pacientes que ya no ‘facturan’ al PAMI. Ya hicieron todo lo ‘autorizado’ y no es posible seguir utilizando los dineros del Estado (en definitiva, los impuestos del Pueblo), pero si la morgue es manejada por la misma gente que la clínica y la cochería ¿que puede esperar el familiar del abuelo muerto?
Es muy común -según investigadores- el uso de la succinilcolina, o cloruro de suxa-metonio, que es una sustancia química usada en anestesiología como bloqueador neuro-muscular.
Muchos incidentes que involucraron muertes investigadas especialmente en geriátricos o clínicas ‘de cuarta’ (…) apuntaron a este ‘paralizante muscular’ que en dosis altas, administradas exprofeso, terminan ‘endureciendo’ la parte muscular del abuelo que no lo resiste y termina en un paro cardiorespira-torio.
Los anestésicos como la succinilcolina -relajantes musculares- llevan a deprimir la respiración y otros procesos vitales, hasta el extremo de producir la muerte si no se mantiene la ventilación. Estos fármacos se han empleado para la eutanasia, el suicidio y las ejecuciones.
También se conoce el uso de potasio, un componente natural del organismo, pero que la administración por vía intravenosa directa sin dilución previa produce hiperkalemia y ésta puede producir bloqueo y paro car-diaco.
En general, salvo directivas específicas de un fiscal o un juez, en las autopsias rara vez se mide el nivel de potasio en un abuelo fallecido en una clínica, sanatorio o geriá-trico.
Es parte del organismo, pero si se hicieran análisis específicos sobre estas dos sustancias, posiblemente podría comenzar a entenderse porqué los abuelos mueren de «paros car-diorespiratorios» como si fuera una ‘ley tácita’ que ello ocurra.
Mientras tanto, los abuelos siguen muriendo como si fueran parte de una maquiavélica industria de exterminio, digna de ser comparada con un genocidio silencioso, avalado por la corrupción estatal con las maffias que manejan millones y millones de pesos, genocidio silenciado y nunca visto por la pretendida ‘miopía’ que nada hace mientras ante sus ojos, los cotejos fúnebres van y vienen, en un negocio que mueve millones, posiblemente mas millones que las lágrimas de los familiares que se acongojan por las muertes de sus padres, sin sospechar siquiera que ellos pueden estar siendo estratégicamente ejecutados para liberar camas que pronto serán nuevas facturas de las ‘cápitas’ que el PAMI reparte, para poder ser parte del reparto que sigue…SANATORIO BERAZATEGUI