Hay que reconocer que la irrupción -planificada- de Roberto Lavagna en el mundillo político con vistas a las presidenciales 2019, desarmó hasta la mas sólida estrategia de varios partidos, incluído ‘Cambiemos’.
El mismo Lavagna reconoció que propone «el mismo plan de unidad nacional que pregonaba José Manuel de la Sota, antes de su trágica muerte en un accidente».
Y así, en este desembarco mediático del jurásico ex ministro de Economía, todos hablan del mismo validando con su inocultable temor, una candidatura que -hasta ahora- dificilmente prenda en la gente, según las encuestadoras serias del país.
El explosivo ascenso hacia el centro de la escena preelectoral que protagoniza Roberto Lavagna, se ha convertido en la menos esperada novedad política y ha tenido consecuencias que eran impensables hace apenas un mes.
Tan repentina ha sido la irrupción que, en muy pocos días, el «factor Lavagna» logró provocar reacciones airadas de muchos de los principales actores, deslizamientos subterráneos de dirigentes, inquietud en los principales espacios políticos, entusiasmo en parte del empresariado y perplejidad en los analistas y consultores.
Cuando en enero se difundió su foto con Miguel Lifschitz, un tuitero macrista se burló, con cierto talento: «Buena pareja para jugar a las bochas».
En otra dirección asimismo, ya hay ‘avanzadas’ por distintos municipios del Conurbano ofreciendo las ‘chapas’ de representantes del veterano político, para tener presencia fuerte en la Tercera.
Una semana más tarde, cuando apareció en sandalias y medias, la reacción fue hilarante y masiva.
Pocas semanas después, el principal logro de Roberto Lavagna fue que dejaran de tomarlo en chiste.