En su centenario, la Organización Interna-cional del Trabajo (OIT) aprobó el Convenio y la Recomendación sobre vio-lencia y acoso en el mundo del trabajo, un instrumento que protege a las víctimas de violencia y acoso en el trabajo, incluidas la violencia y acoso por razón de género.
Sobre la norma, opinó el abogado especialista en Derecho del Trabajo y Seguridad Social, Juan Pablo Chiesa.
Los representantes de los gobiernos, empre-sarios y sindicatos, que forman parte de la Organización Internacional del Trabajo, Argentina incluida, aprobaron finalmente, tras dos años de deliberaciones, el Convenio y la Recomendación sobre violencia y acoso en el mundo del trabajo, un instrumento que protege a las víctimas de violencia y acoso en el trabajo, incluidas la violencia y acoso por razón de género.
Entre los aspectos más destacados que se recogen en el Convenio están: La definición de «Violencia y Acoso», entendiendo la expresión en el mundo del trabajo como «un conjunto de comportamientos y prácticas inaceptables, o de amenazas de tales com-portamientos y prácticas, ya sea que se manifiesten una sola vez o de manera repe-tida, que tengan por objeto, que causen o sean susceptibles de causar, un daño físico, psicológico, sexual o económico, e incluye la violencia y el acoso por razón de género» y de un sexo o género determinado, e incluye el acoso sexual.
El Convenio deja abierta la situación a que, «sin perjuicio de la definición brindada, la violencia y el acoso pueden definirse en la legislación nacional como un concepto único o como conceptos separados».
En cuanto al contexto protegido a la violencia y acoso, «se aplica en el lugar de trabajo, inclusive en los espacios públicos y privados cuando son un lugar de trabajo, en los lu-gares donde se paga al trabajador; donde éste toma su descanso, o en los que utiliza instalaciones sanitarias o de aseo y en los vestuarios; en los desplazamientos, viajes, eventos o actividades sociales o de formación relacionados con el trabajo; en el marco de las comunicaciones que estén relacionadas con el trabajo, incluidas las realizadas por medio de tecnologías de la información y de la comunicación; en el alojamiento proporcionado por el empleador, y en los trayectos entre el domicilio y el lugar de tra-bajo».
Además, se incluye la protección de terceros, «exigencia de un importante número de países, cuyas legislaciones no ofrecen nin-gún tipo de garantías a las víctimas del acoso sexual. Es el caso, entre otros muchos sec-tores, de las trabajadoras del servicio domés-tico, sector fuertemente feminizado, donde las situaciones de abusos sexuales, las perpetran familiares de las personas que con-trataron los servicios, no necesariamente el empleador».
Uno de los debates más polémicos giró en torno a «la necesidad, o no, de enunciar a los grupos vulnerables, más susceptibles de ser víctimas. Y dentro de estos el más dis-cutido ha sido el colectivo conformado por lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, in-tersexuales y no conformes con el género. También están obligadas a tener un protocolo de acoso sexual, las empresas cu-yos planes de igualdad, así lo recojan». «Existen diversas formas de acoso, según el o los sujetos que lo cometen. El acosador puede ser un superior jerárquico que apro-vecha su posición para ejercer una presión psicológica contra la víctima o un trabajador que tenga una jerarquía igual a la de la víctima. Por eso siempre digo que el acoso laboral no es vertical, sino horizontal».
Respecto de la protección de las traba-jadoras, «la Ley de protección Integral de las Mujeres, al referirse a los distintos tipos de violencia contra las mujeres, menciona la violencia laboral, que incluye el hosti-gamiento psicológico en forma sistemática sobre una determinada trabajadora con el fin de lograr su exclusión laboral. El acoso puede implicar una situación de discri-minación y los tribunales acuden a la aplicación de la Ley de penalización de actos discriminatorios para admitir la reparación del daño moral causado por el acosador».
La reparación del daño moral producido por la situación de acoso no está subsumida en la indemnización por despido, pues el daño referido no deriva de la extinción del contrato de trabajo, sino que ha sido provocado durante el desarrollo del contra-to de trabajo.
Los miembros de los países que forman la OIT «deberían velar por que todos los traba-jadores y todos los empleadores, incluidos aquellos en los sectores, ocupaciones y mo-dalidades de trabajo que están más expuestos a la violencia y el acoso, disfruten plena-mente de la libertad sindical y del recono-cimiento efectivo del derecho de negociación colectiva de conformidad con el Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, y el Convenio sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva» analizó el especialista de acosos laborales.acoso