Aún nadie explicó públicamente cómo cayó una demolición, directamente sobre la vereda de una calle transitada a diario, inclusive, por decenas de estudiantes de una escuela ubicada a 100 metros del lugar.
Lamentablemente, ese día pasaba caminando, como lo hacía a diario, una persona no solo muy querida por la comunidad, sino activo amigo de los bera-zateguenses en todos los sentidos, porque aparte de ser -desde hacía 20 años- el presidente de uno de los clubes mas importantes del distrito, también conducía el respetado Club de Leones de Berazategui, lo que habla de la dimensión del altruísmo que envolvía permanentemente su persona.
Ese día, perdió la vida el abogado Miguel Angel Arrúe, cuando se vino abajo una pared de dos metros de una obra en demolición, que lo aplastó mientras caminaba por la vereda de la calle 12, entre 146 y Lisandro de la Torre, como diariamente lo hacía.
Arrúe tenía 71 años, con una vida dedicada a la comunidad, al frente de un Club de 100 años de existencia y de una institución internacional que lo destacó nombrándolo al frente de la misma.
El también destacado abogado, transitaba por la acera y fue duramente golpeado por parte de una columna que sostenía una arcada de pared que se vino abajo por la acción de un martillo neumático que utilizaban para la demolición de una vieja fabrica de pan rallado.
Arrúe quedó gravemente herido bajo los escombros, hasta la llegada de los Bomberos y de una ambulancia del SAME en la cual, tras lograr sacarlo de entre los escombros, fue trasladado de urgencia al hospital ‘Evita Pueblo’ evidenciando politraumatismos y aplastamiento de cráneo, que derivó que en pocos minutos después falleciera como consecuencia de las graves heridas sufridas.
Fuentes policiales destacaron que el obrero que operaba el martillo neumático fue identificado como Eduardo Abel Aquino, de 48 años, quien quedó imputado como también funcionarios municipales del área de inspección de Seguridad en este tipo de obras, a efectos de deslindar responsabilidades y procesar -si correspondiere- por negligencia a quien determine la investigación a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción N° 7 de Berazategui, que sigue el doloroso caso.
SIN PERMISO
El lugar era propiedad de una escribana del Centro -de apellido Fernández- quien la vendió a una empresa con proyecto de construír allí un edificio.
Los trabajos estaban en manos de un ingeniero de apellido Palacios, quien presentó dos días antes de los trágicos hechos, la solicitud de demolición del lugar ante el municipio. Sin esperar la inspección correspondiente ni la aprobación del pedido con su respectiva autorización, el Ing Palacios -según se desprende de la investigación- comenzó la demolición sin esperar la respuesta municipal.
Para evitar la demora municipal, ingresaron una máquina al predio que -desde adentro- comenzó a demoler el lugar, sin tomar las medidas correspondientes.
Todo parece indicar que aparte del uso del martillo neumático, la máquina pudo haber tocado con la parte trasera de la misma, la columna y la arcada que cayeron hacia afuera, con los resultados conocidos.
EL ADIOS A UN

GRAN VECINO BENEFACTOR
El Pueblo de Berazategui, autoridades, deportistas, instituciones, entidades, comerciantes y comunidad en general, despidió los restos de Arrúe con lágrimas sinceras, en reconocimiento a alguien que lo dio todo por su gente, solo a cambio de la sonrisa de los demás.
Pudieron morir chicos escolares, amas de casa, vecinos, porque bajo ningún punto de vista debió caer ese derrumbe hacia afuera si hubieran estado dadas todas las condiciones correspondientes.
Un grande de verdad, se fue al descanso tras una muerte absurda, injusta. Pero todo Berazategui aguarda una respuesta.