La modalidad empezó hace algunos años, cuando se ofrecían ‘actividades deportivas’ para los vecinos del barrio, y entonces había profesoras y profesores de distintas disciplinas que acudían a los clubes barriales y sociedades de fomento, a impartir clases por ‘módicas’ cuotas, que hasta dejaban regalías a las instituciones, atrayendo mucha gente en esas prácticas.
Pero en los últimos años, pudo observarse el preocupante avance de gimnasios privados, que alquilan las instalaciones de las instituciones y entidades barriales a gimnasios (GyM) privados, muchos de los cuales suelen llevar -inclusive- máquinas y distintos elementos para las prácticas de esos deportes a las mismas.
En muchos casos también, se observan carteles y afiches de esas acvtividades, en comercios de las zonas donde funcionan, ostentando asimismo el logo del Gym encargado de impartir las actividades.
Generalmente, las cuotas para asistir a los ‘gimnasios’ son ligeramente mas bajas que las que deben abonarse si se concurren a los gimnasios directos, pero suele darse que en cada club o sociedad de fomento, el responsable de las actividades es el mismo responsable del gimnasio «de la zona…».
Ahora, mas allá de la ‘contribución’ que el comercio privado pueda aportar a la institución en forma mensual, la verdad es que aquí se dan algunas situaciones poco claras ante la comunidad.
Por ejemplo, una ‘sociedad de fomento’ tiene como objetivo fomentar el avance y crecimiento del barrio donde funciona.
Pero se encuentra gran parte de éstas, en manos de gente que nada tiene que ver con la institución, que usufructúan las instalaciones a cambio de un ‘alquiler simbólico’, que es muy menor al que debería pagarse si se alquilara un local para esa actividad. No se paga tasa municipal ni umpuestos ni nada, por tratarse de una institución vecinal.
Hay gimnasios, artes marciales, escuelas de baile, y de otras tantas actividades que funcionan al margen de las ordenanzas vigentes por estar encubiertas dentro de un edificio vecinal construído por el esfuerzo de la comunidad, con aportes del municipio -dinero también del erario público- que terminan en manos privadas, dejando una mínima suma a la Comisión Directiva y llevándose lo recaudado, quien explota la actividad.
Pero la peor parte es cuando algo pasa dentro de la institución, ya que un gimnasio privado, aparte de tener la obligación de exhibir el Certificado Profesional de quien dará las clases de Gym o de la actividad que sea, debe poseer cobertura de un servicio de emergencias y por tratarse de actividades físicas, debe haber un control médico acorde a lo que allí se practique.
Pero como es una institución vecinal, nada de ésto se cumple, y si ocurriera un problema serio en su interior, la responsabilidad recae directamente sobre la institución, que deberá afrontar la situación ya que no hay ‘contrato’ que valga según la gravedad…