La violenta irrupción en la escena mundial del COVID-19, literalmente cambió al planeta en sus usos y costumbres, y en la cosmovisión de la perspectiva de la salud y la sociedad en pleno.
El miedo ganó la punta, sobre el desconocimiento generalizado de la población. Saber que si uno respira el virus, comienza a gestarse un pedido de pena de muerte para el organismo, lo cual aumenta la incertidumbre.
El primer paso que debió ser el ‘aislamiento obligatorio’, fue tomado tardíamente en muchos países del mundo, provocando miles y miles de muertes y un cuarto de millón de personas infectados del virus con forma de corona.
Rápido de reflejos -plausible decisión de verdad- el Gobierno argentino salió muy temprano a plantear el encierro obligado a través de un DNU con fuerza de ley nacional, lo que detuvo muchísimo la propagación del coronavirus que llegaba, agazapado y paciente, a la Argentina para desparramar su manto de infección y muerte también sobre nuestra gente.
COMUNICAR MAS ABIERTAMENTE
Pero -dicen los observadores mas agudos- «le están errando en no decir en cada municipio, en que barrio específico una persona perdió la vida o está contaminado del mal».
Como se sabe, en los municipios no se brindan informaciones sobre los barrios ni las personas. Solo se dan detalles globales, y en algunos casos, no precisos.
La coincidencia general de los médicos es dar a conocer fehacientemente cada caso, de la misma forma que cuando se detecta un caso de cáncer positivo, decírselo al paciente para que sepa, para que luche y para que no viva engañado, como ocurría hace años atrás.
Pero los políticos parecen haber acordado esconder lo mas posible esa información.
Algunos argumentan que ello «sirve para no crear temor en los barrios…», cuando en realidad, sus silencios exponen al contagio y a la muerte a cada vecino que desconocía -por el silencio oficial- que cerca de su casa, o que en su propio negocio, ingresaba una pérsona portadora de COVID-19.
Sería mucho mas sano, honesto y objetivo, que cada municipio informe fehacientemente al menos el barrio donde se detectó el caso, cosa que en esa zona estén atentos al tema.
BERAZATEGUI
En el caso de Berazategui concretamente, este problema permitió el ‘desparramo’ inconsciente

del coronavirus que alcanzó varios barrios, por no haber advertido en tiempo y forma sobre el mal.
Un vecino del barrio ‘Buenaventura’ -de apellido G.- tras un problema familiar y ya siendo portador de coronavirus hacía 48 hs -sin informar su malestar a su familia- se fue de allí al barrio ‘Orión’, a casa de un familiar, donde G. no solo no avisó su estado de salud, sino que hizo una reunión con truqueada -algunos dicen que fue un bingo familiar- contagiando mas gente, aparte de sus ‘víctimas’ de ‘Buenaventura’.
Hoy hay gente internada con COVID-19 -incluyendo a G.-, un fallecido en la guardia del ‘Evita Pueblo’ de apellido T. (cuya autopsia, curiosamente, no revela coronavirus) y el reciente fallecimiento de otro vecino, de 45 años y que murió en su casa sin haber pedido atención médica, ligado a la misma familia. La nuera y la nieta de G. también están internadas con el mal -según investigamos- y otros familiares -que se siguen negando a hacerse un test o permitir control médico- y vecinos, están internados en la casa de retiros espirituales en El Pato.
Cuando el periodismo requiere información, derivan al SISA (Sistema Integrado de Información Sanitaria) del ministerio de Salud de la Nación.
Para ello, hay que contar con una contraseña que solo el poder político posee, especialmente los intendentes, quienes de mas está decir, manejan este tema de acuerdo a la conveniencia de cada uno.
El ocultamiento, el desconocimiento en la gente, solo posibilita una falsa ‘confianza’ que lo hace creer que todo es una mentira, o que no hay tantos enfermos, muertosd o internados, lo que definitivamente solo sirve para que el COVID-19 se siga expandiendo, silenciosa pero mortalmente…