Durante la gripe pandémica de 1918, que causó la muerte de entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo, no hubo vacunas ni medicamentos. De manera que las medidas para combatir la expansión de los contagios fueron estrictamente no farmacológicas: cerrar escuelas y comercios, prohibir las reuniones públicas, aislar y poner en cuarentena a los infectados. Y hubo otra acción, plasmada en centenares de fotografías: ciudades en las que se le recomendó y hasta exigió a los ciudadanos que usaran máscaras o barbijos en público.
El Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, por ejemplo, distribuyó por aquél entonces folletos recomendando que todas las personas llevaran barbijos. Y la Cruz Roja sacó anuncios en diarios alentando el uso de las máscaras y enseñando inclusive cómo fabricarlas en las casas. En algunos lugares se impusieron multas a quienes no llevaran la nariz, la boca y el mentón cubiertos.
Un siglo y algo más después, otra pandemia nos pone ante igual necesidad de usar barbijos o tapabocas, porque disminuyen la propagación del coronavirus SARS-CoV-2 al reducir la cantidad de personas infectadas que liberan el virus en el ambiente cuando tosen, hablan, ríen, gritan.
La evidencia surge de experimentos de laboratorio, de estudios observacionales en hospitales y hasta en países afectados por la pandemia de Covid-19.
Sin embargo hay lugares en los que violentos movimientos populares anti-uso de barbijos se suceden y en la Argentina, una de las naciones donde más se usa en América, el empleo de los tapabocas viene bajando.
Si un pequeñísimo y nada representativo grupo se dedicó a quemar unas decenas de barbijos en el centro de Buenos Aires hace diez días, otros grupos más grandes ya circulan por las ciudades más populosas del país, tanto al aire libre como dentro de lugares públicos, sin cubrirse parte del rostro.
Y esto es riesgoso: aumenta la posibilidad de contagiarse el virus y también de transmitirlo a aquellas personas que no estén a al menos dos metros de distancia.
¿Por qué usar tapabocas, nariz y mentón? La propagación de las infecciones virales respiratorias se produce principalmente a través de microgotas.
Pero además, las nuevas evidencias indican que el virus causante de la enfermedad respiratoria aguda Covid-19 puede permanecer viable e infeccioso en minúsculos aerosoles durante horas.
«Aunque el beneficio del uso de máscaras faciales en lugares públicos para proteger a otras personas durante la pandemia de Covid-19 ha recibido mucha atención, nos propusimos discutir por primera vez la hipótesis de que el uso universal de barbijos reduce el inóculo o dosis del virus para el usuario del tapabocas, lo que lleva a manifestaciones de infección más leves y asintomáticas», explican Monica Gandhi, Eric Goosby y Chris Beyrer, de las universidades de California y John Hopkins (Estados Unidos). Barbijos y tapabocas filtran la mayoría de las partículas virales, aunque no todas.
Especialistas de diferentes disciplinas concuerdan en que el uso del barbijo correctamente colocado (nunca debe dejar la nariz fuera, no hay que bajárselo y subírselo constantemente al y desde el cuello porque entonces se contamina, debe cubrir bien los costados de la cara) es indispensable en lugares cerrados. Y entonces son muchas las personas que tienen la idea de que al aire libre no son necesarios.
Sin embargo, esa es una imagen errada. Porque al aire libre, aunque la posibilidad de contagio se reduce, sigue existiendo y sobre todo cuando no se respeta el distanciamiento físico entre las personas.