La pensada confesión pública de Horacio Verbitsky en el programa televisivo de Roberto Navarro, causó una hecatombe en el gobierno que dice defender.
Su revelación sobre un «vacunatorio vip» en el ministerio de Salud que tenía de jefe al ahora destituído Ginés González García, hizo olvidar la campaña antivacunas de la oposición contra la Sputnik V, el lanzamiento del Consejo Económico y Social presidido por Gustavo Beliz y detonó la salida de su “amigo” del ministerio Sanitario.
El Perro Verbitsky, en los sesenta conoció al pensador Arturo Jauretche, quien lo llevó a la editorial de Jorge Álvarez donde conoció y se fue haciendo amigo de Rodolfo Walsh. Verbitsky, en esa época convulsionada, apenas pasaba los veinte años, y Walsh, con quince más, empezaba a ser una eminencia entre la guerrilla peronista.
Con el autor de ‘Operación Masacre’ entró al semanario de la CGT de los Argentinos, y para cuando Onganía clausuró el diario, el ‘Perro’ ya estaba listo para pasar junto al revolucionario Walsh, a las Fuerzas Armadas Peronistas. Verbitsky también lo acompañaría cuando ambos pasaron a Montoneros. ‘Todavía siento la ausencia de Rodolfo’, suele admitir el periodista.
En una carta dirigida al doctor Federico Fasano, director de La República, Martín Gras (alias ‘Chacho’), ex integrante del grupo guerrillero Montoneros, evocó la trayectoria de Horacio Verbitsky, editorialista del periódico bonaerense Página/12 y autor de varios libros, acusándolo de ‘traidor’ y de «responsable directo por el homicidio de numerosos compañeros de la guerrilla». El material es de 1995.
«Deseo es referirme a otro personaje de esa época, entonces desconocido públicamente, pero de gran actividad en la clandestinidad, aunque hoy aparece como un probo periodista, afecto a los golpes de efecto a salir en televisión y a ser citado en los medios de prensa extranjeros. Me refiero a Horacio Verbitsky, a quien en los años de fuego conocí por su nombre de guerra: ‘el perro’». «Quiero destacar que somos varios los sobrevivientes por habernos salvado a tiempo, aunque fueron muchos los que quedaron en el camino, torturados, o fusilados o con destinos que ignoro. ?El perro? ?sentencia? también es un sobreviviente, pero de aquellos que no merecen consideración alguna: es un traidor, un verdadero traidor, como tantos que tuvimos en nuestras filas. Un traidor que supo hacer la suya, con su afán enfermizo por figurar y llenarse los bolsillos de dinero?. Sostiene que ?si bien nunca ocultó su pasado montonero, sí se cuidó muy bien de decir en qué consistía su actividad. Nunca dio, ni da detalles, sino ni siquiera indicios al respecto. Cuando lo veo en televisión me hierve la sangre. No puedo creer que tamaño delincuente se yerga en defensor a ultranza de las víctimas, y en censor de los victimarios (aunque a éstos no vale la pena recordarlos sino para saber si es posible ejercer justicia revolucionaria con enemigos). ¿Por qué no se les pregunta alas organizaciones de derechos humanos, como las Madres de Plaza de Mayo, que piensan realmente de un tipo así? Afirma que su trayectoria -de Verbitsky- es la del peor de los quebrados, porque a lo largo de estos años ha ido sirviendo a aquellos que ayer consideraba sus enemigos, como a los radicales y de la ya desaparecida ?Coordinarora?. Este quebrado me hace acordar a otros, que lucraron con la muerte de los compañeros y aprovecharon para asegurarse el futuro económico» describe.
Sobre el recordado asesinato del padre Mugica, algunos decían «lo produjo la triple A», pero muchos cercanos al peronismo de aquellos años, señalaban «no, fueron Montoneros».
Con estos conceptos -que podráin ampliarse mucho mas de ser necesario- uno entiende que Verbitsky no confesó una ‘Operación K’ para instalar a Gollan o Kreplak en lugar de Ginés, sino una palpable muestra más de su inocultable narcisismo público, porque el diario Clarín -se asegura- tenía una investigación periodística que detallaba que el periodista oficialista se había vacunado en el Ministerio de Salud y, para cuidarse, confesó alegando que tenía nueve familiares contagiados y uno de ellos fallecido. Pero su jugada no sólo perjudico al gobierno sino a él mismo, ya que fue repudiado por su gente del CELS y Roberto Navarro decidió no entrevistarlo más.
De esta manera, el ex guerrillero y soberbio militante de los derechos humanos del terrorismo, demostró lo que todos piensan de él, es decir, un personaje oscuro enamorado de sí mismo que se mofó de los más de 50.000 muertos del Covid.
Pero tampoco debe caerse en que, por tratarse de ese oscuro personaje contemporáneo, debe descuidarse el manejo que el Gobierno tuvo sobre vacunas compradas con los impuestos del Pueblo, que fueron a parar a las humanidades de amigos y gente ‘VIP’, sin que a nadie le importe que mientras eso ocurría, había gente que sí la tendrían que haber tenido, pero no eran VIP, así que seguirán esperando que se enfríe este circo, y que cuando comience la segunda etapa de esa ilegalidad, si les sobra alguna ampolla, que se acuerden de aquellos que la necesitan mucho mas que los ‘acomodados’…