En el ámbito diplomático mundial, todavía resuenan los efectos de la negativa de la Argentina a condenar -la semana pasada- la invasión rusa a Ucrania.

Esta actitud fue considerada «en contra de los 20 países americanos que votaron en sentido inverso«, es decir, por la iniciativa de los EE.UU. de condenar la invasión. Ese voto de la cancillería de nuestro país, sin dudas marcó un paso atrás con relación a los primeros pronunciamientos oficiales que exhortaban a Rusia a cesar el fuego.

Sin dudas, la posición de nuestra cancillería -que es la del Gobierno nacional– tienen mucho que ver con los recientemente anunciados compromisos de Alberto Fernández con Vladimir Putin, lo que hoy por hoy marcan una línea roja ante el Mundo. La conducción política de nuestro país no condenará a Rusia. Todo parece indicar que el gobierno kirchnerista apuesta a un «alto el fuego y el inicio de negociaciones de paz«, lo que le evitaría a la Cancillería chocar de nuevo con Washington.

Sin embargo, la lógica indica que Putin no puede aceptar un alto el fuego en tanto que sus tropas, a una semana de iniciadas las hostilidades, no consiguieron todavía ningún resultado decisivo.

Un alto el fuego en estas condiciones parecería una manifestación de impotencia de Rusia y un enorme éxito para el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky. Lo más probable, entonces, es que las operaciones militares continúen al menos hasta que los rusos consigan eventualmente algún resultado importante.

Lo que si es evidente, es que Alberto F. apuesta a un triunfo ruso o al menos a una negociación con Putin en posición ganadora.

Pero en cuanto a Argentina, ahora queda la incógnita sobre si habrá represalias comerciales por parte de los EEUU -y en especial en el FMI– por la negativa de Santiago Cafiero a acompañar las condenas al Kremlin.