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GRAVE: LA ESCUELA POLICIAL ‘VUCETICH’ ENVIA CADETES SIN INSTRUCCIÓN A OPERATIVOS Y A CUBRIR CANCHAS

Una grave situación se vive -a puertas cerradas- en la Escuela de Policía Bonaerense ‘Juan Vucetich’ donde los cadetes que aspiran a ser oficiales de la fuerza, viven una situación que les puede costar la muerte.
Varios de ellos fueron enviados por la Dirección de la Escuela de Policía, a cubrir canchas.
Lo terrible de ello es que los citados son Cadetes que no tienen estado policial, no tienen finalizados sus entrenamientos y ni siquiera tienen cobertura médica en caso de recibir alguno, una herida en posibles en-frentamientos en los estadios a los que son enviados.
Si protagonizan incidentes y alguno resulta herido o lesionado, la ART no le cubrirá el daño ya que ninguno de ellos posee estado policial, condición primordial para ser ins-criptos en la ART.
También son enviados cuando hay opera-tivos -en rutas o ciudades- y lo que mas llama la atención -como se ve en la foto- es que le proveen de chalecos pero con la sigla PBA (Policía Buenos Aires) cubierta, para que no sean identificados como policías.
Según trascendió desde dentro mismo de la Escuela, con el aval del propio ministro Ser-gio Berni son enviados decenas de cadetes para mostrar número de efectivos, ya que los Superiores ‘facturan’ efectivos que van a las canchas, y se cree que el tema de mandar a los chicos que aún no terminaron sus entrenamientos es mostrar personal en los lugares contratados, para cobrar esos adicionales, sin que -obviamente- el aspirante vea un peso, planteándose dónde va a parar el dinero que continuamente pagan los clubes de fútbol en concepto de seguridad.
30 SUICIDIOS DE POLICIAS
Otro grave tema que, por lo visto, no ha movido a la superioridad a buscar como contrarrestarlo, es que en lo que va del año, ya se produjeron 30 suicidios de efectivos po-liciales de la fuerza provincial.
En los últimos días sumaron sus nombres a la creciente lista de fallecidos de policías de Buenos Aires, los oficiales Elizabeth Rol-dán, de Pigüé, y Miguel Falcón, de Olava-rría.
Los uniformados de la fuerza bonaerense explican que «no somos controlados ni contenidos psicológicamente, ven que muchos evidencian en su conducta diaria, que están atravesando una situación difícil pero nadie repara en ello, los dejan solos y terminan quitándose la vida y a veces, la de otros, y eso duele, porque tienen que entender que el Policía porta un arma que quita vidas, hiere y que muchas veces se equivocan en su proceder porque no son bien entrenados, los largan enseguida a las calles, y cuando surge que algo se hizo mal, muy cómodamente los Superiores simplemente los castigan, los verduguean y hasta se desentienden de los problemas de sus subalternos, y allí empieza un camino difícil que muchas veces tienen finales trágicos…» apuntó un comisario Mayor (R).

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