GUERRA EN LAS PISTAS: EL ACA Y LA ACTC EFRENTADOS POR EL MONOPOLIO DE LOS REGISTROS
El Automóvil Club Argentino (ACA) y la Asociación Corredores de Turismo Carretera (ACTC) protagonizan un nuevo capítulo de tensiones históricas que esta vez se centra en el corazón del sistema automovilístico nacional: el control de los registros habilitantes para corredores profesionales.
Durante décadas, el ACA ha ostentado la potestad exclusiva de emitir las licencias que permiten a los pilotos competir oficialmente en el país, en calidad de representante de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) en Argentina.
Sin embargo, la ACTC, cada vez más consolidada como estructura paralela y autónoma, busca ahora independizarse también en ese terreno.
El conflicto se desató públicamente cuando desde la ACTC comenzaron a impulsar la idea de habilitar sus propios registros de pilotos, sin necesidad de pasar por el filtro del ACA.
El control de las licencias implica poder económico, influencia política y autoridad deportiva
Argumentan que se trata de una herramienta burocrática costosa y obsoleta, y que no aporta valor real a las competencias que organizan, muchas de ellas por fuera del calendario fiscalizado por el ACA.
Desde la histórica sede de Avenida del Libertador, el ACA no tardó en responder. A través de comunicados y gestiones ante organismos deportivos internacionales, calificaron la movida de la ACTC como «una violación a las normas federativas», y advirtieron que podría acarrear sanciones a nivel internacional para los corredores involucrados.
La disputa, sin embargo, va mucho más allá de una cuestión de papeles: es una pelea por el poder, por la representación institucio-nal del automovilismo argentino y, en definitiva, por el dinero que circula en torno a los campeonatos más populares, como el Turismo Carretera.
Algunos especialistas ven en este enfrentamiento, un síntoma del agotamiento de un modelo centralizado y señorial que el ACA encarna, frente a un nuevo paradigma más empresarial y vertical que propone la ACTC.
Pero otros advierten que la fragmentación podría aislar aún más al automovilismo argentino del mundo.
Mientras tanto, los pilotos, atrapados entre dos estructuras, temen quedar en el medio de una puja que no pidieron.
El escenario es inédito: por primera vez, el ACA ya no corre solo. Y la ACTC no es solo una organización más: es un actor con músculo político, económico y mediático.
Sin claridad normativa ni institucional, se arriesgan a correr con licencias que podrían no ser reconocidas, y a ser víctimas colaterales de una guerra de poder que amenaza con dividir aún más a una actividad que ya viene golpeada por la crisis económica y la falta de renovación genera-cional.
¿Quién tiene el derecho -o el negocio- de autorizar a correr?
La carrera recién empieza.
