LA MATANZA, COTO DE CAZA AL CIUDADANO QUE NI ESPINOZA NI MAGARIO QUIEREN VER…
La Matanza se ha convertido en el epicentro de una violencia que no da respiro. Cada día se multiplican los casos de robos violentos, asesinatos, entraderas y balaceras, mientras miles de vecinos viven atrapados entre el miedo y la impotencia.
No es un fenómeno nuevo, pero lo que resulta más indignante es la total ausencia de respuestas por parte de quienes deberían estar al frente del problema: el intendente y su equipo de gobierno.
Mientras las calles se tiñen de inseguridad y los vecinos levantan su voz en marchas y reclamos, el jefe comunal parece mirar hacia otro lado.
No hay políticas concretas, no hay inversión real en prevención, ni una estrategia seria de seguridad que pueda frenar la escalada delictiva.
El municipio, que debería ser el primer eslabón de contención, se esconde detrás de excusas y discursos vacíos.
La violencia en La Matanza ya no distingue horarios ni lugares. Los comerciantes cierran con miedo, las familias viven con la angustia de no saber si sus hijos volverán de la escuela, y la sensación de que nadie protege al ciudadano es cada vez más insoportable.
Frente a este panorama,la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza brillan por su ausencia: no hay presencia territorial, no hay liderazgo político, no hay decisión de enfrentar a las mafias y bandas que dominan las humildes barriadas.
La inacción tiene un costo, y lo pagan todos los días los vecinos de La Matanza con su vida, su patrimonio y su tranquilidad.
La ausencia de conducción política es, en este contexto, una forma de complicidad.
Y la pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo se tolerará un intendente ausente frente a una violencia que ya resulta imparable?
