KICILLOF PROMETE BAJAR LAS PATENTES PERO SOSTIENE LAS VALUACIONES QUE LLEVAN A PAGAR FORTUNAS
Nuevamente, Axel Kicillof volvió a ensayar la fachada de mostrarse como «un gobernador preocupado por aliviar los bolsillos» de los bonaerenses.
En los últimos días, el mandatario aseguró que su gestión buscará «bajar el impacto de las patentes automotor» en la fiscal e impositiva 2026 que se debatirá en la Legislatura provincial. Sin embargo, detrás del anuncio se esconde una contradicción evidente: «No hay ninguna propuesta concreta para revisar las valuaciones fiscales de los vehículos, que son justamente las que disparan los aumentos en el impuesto».
El gobernador, fiel a su estilo, intenta instalar la idea de un gesto de sensibilidad social, pero el esquema impositivo que su propio gobierno sostiene deja en claro lo contrario.
Desde hace años, la Agencia de Recaudación bonaerense (ARBA) actualiza las valuaciones automotor en función de precios de mercado, lo que provoca saltos del 100% o más en las cuotas que los contribuyentes deben pagar. Así, aún cuando el porcentaje de la alícuota se mantenga, «la base imponible se multiplica y el efecto en el bolsillo es el mismo: un aumento».
Kicillof dice querer «corregir distorsiones», pero evita discutir la raíz del problema. En los hechos, su administración se beneficia de esas subas porque engrosan la recaudación provincial.
En un contexto de caída de la actividad económica y baja coparticipación, «las patentes se convirtieron en una caja indispensable para sostener el gasto público».
En la Legislatura, la oposición ya advirtió que «el proyecto de presupuesto que el Ejecutivo girará en los próximos días no contempla una reducción real de la presión impositiva, sino apenas retoques discursivos para maquillar una suba encubierta. Si no se modifican las valuaciones, cualquier anuncio de baja es una mentira», sintetizó sobre el tema, un diputado del bloque Nuevos Aires.
Kicillof vuelve a apelar a la misma fórmula de siempre: Prometer alivio mientras ajusta en silencio. Es el mismo libreto del kirchnerismo que dice defender a la gente pero termina asfixiándola con impuestos.
Y si algo queda claro en esta nueva puesta en escena, es que el gobernador no busca corregir un abuso fiscal, sino salvar su discurso ante una sociedad cada vez más harta de pagar caro la ineficiencia estatal.
Detrás de las frases de ocasión, Kicillof no baja los impuestos: los disfraza.
