LA IMPARABLE INSEGURIDAD EN LA PROVINCIA TIENE UN SOLO RESPONSABLE: KICILLOF
La inseguridad imparable en la provincia de Buenos Aires, evidencia la responsabilidad política de Axel Kicillof.
La inseguridad en la provincia de Buenos Aires dejó de ser un problema circunstancial para transformarse en un estado permanente.
Cada día se suman nuevos casos de robos violentos, asesinatos, entraderas y ataques en barrios que hace tiempo perdieron la paz. Y mientras las estadísticas del delito avanzan sin freno, el gobernador Axel Kicillof responde con diagnósticos abstractos, excusas conocidas y una retórica que ya no convence a nadie.
Kicillof gobierna la provincia más poblada y con el mayor presupuesto de seguridad del país. Eso convierte su rol en indiscutible: no es un observador externo, ni un académico analizando fenómenos sociales. Es el responsable directo del funcionamiento –o el colapso– del sistema de seguridad bonaerense.
Sin embargo, durante sus años de gestión, la ecuación se mantuvo constante: más dinero destinado, más anuncios rimbombantes y, paradójicamente, más inseguridad.
El gobernador insiste en describir al delito como una consecuencia inevitable de condiciones macroeconómicas o desigualdades estructurales.
Pero esa explicación, repetida hasta el cansancio, solo sirve para eximir a su propia administración de rendir cuentas.
La inseguridad no se combate con seminarios, ni con discursos ideológicos, ni con la búsqueda permanente de culpables externos.
Se combate con planificación, conducción policial efectiva, control político real y decisiones firmes. Nada de eso parece estar ocurriendo.
Mientras miles de familias viven encerradas detrás de rejas, mientras los comerciantes cierran antes de que caiga el sol, mientras los barrios se organizan para hacer rondas vecinales en ausencia del Estado, el gobierno provincial se concentra más en justificar su inacción que en revertirla.
La política de seguridad de Kicillof es, en esencia, una colección de parches: operativos esporádicos para la foto, anuncios de patrulleros que después faltan en las calles, y un Ministerio que parece estar siempre reaccionando tarde.
El resultado está a la vista: una sensación de desprotección total que atraviesa a todas las clases sociales, a todos los municipios y a todas las edades.
No se trata de percepción; se trata de hechos. Y en esos hechos hay una responsabilidad que no puede esquivarse.
La inseguridad en la provincia de Buenos Aires es hoy un problema desbordado, pero no inevitable.
Lo que falta es conducción política.
Lo que falta es decisión. Lo que falta es que el gobernador finalmente asuma el rol que le corresponde: dejar de explicar la inseguridad y empezar a combatirla.
Porque mientras el gobernador Kicillof discute teorías, los bonaerenses discuten cómo sobrevivir.
