SORPRESA POR LOS VÍNCULOS DE LA A.F.A. CON EL GOBIERNO CHAVISTA DE VENEZUELA
La liberación del gendarme Nahuel Gallo -detenido por más de 15 meses en Venezuela bajo acusaciones que Argentina calificó de arbitrarias- trajo consigo un fenómeno político y mediático inesperado: la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) fue puesta en el centro de la escena diplomática como actor clave de la gestión que permitió su regreso al país.
La AFA, una institución deportiva y no un orga-nismo oficial de relaciones exteriores, sor-prendió al emitir el primer comunicado oficial informando de la liberación de Gallo, y «agradecer expresamente a la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez» por su «sensibilidad y disposición», destacando que «el deporte también puede ser un puente efectivo para el entendimiento y la coope-ración».
Además, la entidad agradeció a la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) por «facilitar contactos que posibilitaron ese acerca-miento».
Ese lenguaje -diplomático y casi político- no es habitual en los comunicados de un ente deportivo, y abre interrogantes sobre la naturaleza del vínculo entre la AFA y los poderes del Estado venezolano.
Gallo regresó a Argentina en un avión «privado» que, según reportes, es utilizado por el presidente de la AFA, Claudio ‘Chiqui’ Tapia, y que está vinculado a empresarios cercanos a la dirigencia futbolística.
La presencia física de referentes de la AFA en Caracas -prosecretario y secretario de proto-colo- fue lo que permitió la «imagen emble-mática» del regreso, antes incluso que los canales diplomáticos tradicionales dieran una comunicación oficial.
Es decir: un organismo privado como la AFA terminó actuando como operador y canal de negociación donde el Estado argentino, formalmente, no estaba en la primera línea.
No hay pruebas de tratados, acuerdos institucionales públicos o capítulos for-males de cooperación entre la AFA y el gobierno chavista venezolano, que justi-fiquen este tipo de intervención.
Lo que existe es un «uso estratégico del fútbol como plataforma comunicacional y de lobby», apoyado en La relación entre la AFA y la FVF, dos organizaciones deportivas con intercambio institucional.
El simbolismo geopolítico del fútbol como herramienta suave para crear espacios de diálogo donde la diplomacia oficial estaba debilitada; La decisión del propio régimen venezolano de liberar presos políticos en un contexto de presión internacional y coyuntura interna (incluyendo tensiones con Estados Unidos tras la captura de Maduro).
¿ ACTO HUMANITARIO U OPERACIÓN POLÍTICA ?
Tras todo ésto, la pregunta que se impuso en todos los ámbitos es ¿Hasta qué punto una entidad deportiva puede convertirse en mediadora de negociaciones que implican un Estado soberano y presos políticos? ¿No representa esto una delegación de funciones que corresponden al Ministerio de Rela-ciones Exteriores?
Hay un ‘misterio’ sobre qué intercambios o promesas informales tuvieron que realizarse, para que una figura como Delcy Rodrí-guez aceptara tratar este caso en términos «humanitarios».
La realidad es que la AFA no operó como brazo del Estado, sino como puente extraoficial que facilitó el contexto para que Venezuela con-cretara la excarcelación de Gallo -en el marco de un proceso de amnistía más amplio- y lo hiciera con un gesto públicamente agradecido hacia el fútbol argentino.
Que un organismo deportivo sea prota-gonista central en la liberación de un preso político en otro país, no sólo es inusual, sino que es una señal de cómo las «relaciones públicas y diplomáticas se han externalizado y mediatizado», especialmente en contextos donde la diplomacia tradicional no logra avanzar.
La AFA actuó como puente -sí-, pero ese «puente» refleja, más que vínculos formales, una red de relaciones informales, simbólicas y comunicacionales que aprovecharon canales alternativos para alcanzar un objetivo que la Cancillería, por sí sola, no había conseguido visibilizar de la misma manera.
