MILEI Y UN «ENCUBRIMIENTO CONVENIENTE»: COMO HIZO CON ESPERT, AHORA ‘BLINDA’ A ADORNI
Milei maniobra entre la exposición selectiva al encubrimiento conveniente, y así como hicieron con José Luis Espert, ahora blindan a Manuel Adorni.
En política, la vara moral no se mide: se manipula. Se estira o se encoge según la conveniencia del poder de turno.
Y si algo empieza a quedar en evidencia en el actual gobierno es precisamente eso: una doble vara obscena que expone a unos mien-tras protege a otros.
El caso de José Luis Espert fue un manual de operaciones. Sobreactuación mediática, amplificación de cada declaración incó-moda, instalación permanente en agenda.
Un blanco claro, útil, funcional. Había que marcarlo, disciplinarlo, aislarlo. Y para eso se activó todo el engranaje: micrófonos abiertos, paneles indignados, moralistas de ocasión.
Pero el libreto cambia cuando el protago-nista es propio.
Porque cuando las dudas, cuestionamientos o inconsistencias rozan a Manuel Adorni, el ex vocero presidencial devenido en figura política, el sistema se repliega.
Ya no hay escándalo: hay silencio. Ya no hay investigación: hay relativización. Ya no hay condena: hay justificación.
La pregunta es inevitable: ¿qué cambió?
La respuesta es incómoda pero evidente.
No se trata de hechos, se trata de perte-nencia. No importa qué se haga, sino quién lo hace. La lógica no es ética, es tribal.
El blindaje a Adorni no es casual. Es estraté-gico.
En un gobierno que construyó su identidad sobre la crítica feroz a «la casta» y la supuesta superioridad moral, admitir grietas internas sería dinamitar su propio relato. Por eso se tapa, se diluye, se corre el foco.
El problema es que la inconsistencia no pasa inadvertida.
La sociedad puede tolerar errores, incluso contradicciones.
Lo que no tolera -o al menos no indefinidamente- es la hipocresía.
Si antes se señalaba con el dedo a José Luis Espert como símbolo de lo incorrecto, hoy el silencio alrededor de Manuel Adorni revela algo más profundo: no hay principios, hay conveniencias.
Y en ese juego, el periodismo que elige mirar para otro lado deja de ser contra-poder para convertirse en cómplice.
Porque al final del día, no se trata de Espert ni de Adorni.
Se trata de algo más grave: la consolidación de un sistema donde la verdad importa menos que la alineación.
