AMENAZAS DE TIROTEOS EN LAS ESCUELAS, UN FENÓMENO IMPORTADO
Las amenazas de tiroteos en escuelas -aun-que muchas veces no se concreten- están dejando de ser episodios aislados para con-vertirse en un síntoma inquietante de época. No se trata solo de bromas pesadas o «men-sajes virales»: son alertas que ponen en jaque a toda la comunidad educativa, para-lizan clases, movilizan fuerzas de seguridad y, sobre todo, instalan miedo.
Durante años, la referencia inmediata fue lo ocurrido en Estados Unidos, con tragedias como la de la escuela secundaria Columbine High School o la masacre en Sandy Hook Elementary School. Pero sería cómodo -y peligroso- creer que esto es solo una copia externa. En Argentina, las amenazas no surgen en el vacío: encuentran terreno fértil en una combinación de factores locales.
Las redes sociales cumplen un rol clave. Plataformas como TikTok o Instagram am-plifican conductas imitativas, donde una amenaza genera otra, en una lógica de efecto contagio. El anonimato y la búsqueda de notoriedadhacen el resto.
Detrás de muchas amenazas hay adolescentes que no dimensionan las consecuencias. Pero reducir todo a «chicos haciendo bromas» es subestimar el problema. En algunos casos hay señales más profundas: aislamiento, conflic-tos escolares, violencia simbólica o incluso fascinación por episodios trágicos.
El concepto de «copycat effect» -o efecto imi-tación-, ampliamente estudiado en la psicología social, explica cómo la exposición reiterada a ciertos hechos puede disparar conductas similares. Y acá aparece un punto incómodo: la cobertura mediática, cuando es irres-ponsable o espectaculariza, puede contri-buir a ese ciclo.
EL IMPACTO, MIEDO QUE EDUCA
Cada amenaza, real o no, tiene consecuencias concretas. Escuelas evacuadas, padres en pánico, alumnos expuestos a situaciones de estrés innecesarias. Pero hay algo más profundo: se erosiona la idea de la escuela como espacio seguro.
Cuando el miedo se vuelve parte del aula, la educación pierde terreno. Y lo que se instala no es solo la posibilidad de violencia, sino la naturalización de vivir bajo esa som-bra.
No hay soluciones mágicas, pero sí caminos más serios que el reflejo automático de «más policías y listo».
Debe trabajarse urgente con equipos inter-disciplinarios en las escuelas -psicólogos, orientadores- capaces de detectar señales tempranas. No se trata de estigmatizar, sino de intervenir antes.
A su vez, las plataformas como WhatsApp o TikTok no pueden seguir siendo tierra de nadie.
Hace falta educación digital, pero también mecanismos más eficaces de trazabilidad cuando hay amenazas.
ROL DE LAS FAMILIAS
El control parental no es espionaje: es acompañamiento. Muchos padres desco-nocen completamente qué consumen o com-parten sus hijos.
Y ante ello, debe contarse con respuesta judicial clara. Una amenaza de este tipo no puede quedar impune. Aunque sea «una broma», tiene consecuencias sociales gra-ves. La Justicia debe actuar con criterio pedagógico, pero también con firmeza.
También hay que contar con medios de comunicación responsables, menos show, más contexto. Evitar glorificar o viralizar amenazas sin filtro. Informar sin alimentar el morbo.
