InternacionalesNacionales

¿ PORQUE SE SOSTIENE LA IMAGEN DE MILEI PESE A LOS CASOS ADORNI, $LIBRA Y LAS MARCHAS EN SU CONTRA?

La resistencia política de Javier Milei frente a escándalos, denuncias y conflictos callejeros ya dejó de ser una curiosidad para convertirse en un fenómeno político digno de análisis profundo.
Mientras buena parte del periodismo, sectores opositores y organizaciones sociales insisten en remarcar los costos del caso $Libra, el blindaje a Manuel Adorni y el creciente clima de protesta social, las en-cuestas nacionales siguen mostrando que una porción considerable de la sociedad continúa respaldando al Presidente. ¿Por qué ocu-rre?
La respuesta más incómoda para la política tradicional es que el apoyo a Milei no se ex-plica únicamente por simpatía ideológica, sino por algo mucho más profundo: el hartazgo social acumulado durante décadas.
Millones de argentinos no ven a Milei como un político clásico.
Lo observan como una herramienta de demo-lición contra un sistema que consideran corrupto, hipócrita y agotado.
Esa percepción genera un fenómeno peligroso para sus adversarios: cuanto más feroz es el ataque político-mediático, más crece en parte de la sociedad la idea de que «lo quieren voltear porque está tocando intereses».
El caso $Libra, por ejemplo, logró impacto en los círculos políticos y mediáticos, pero no penetró con igual fuerza en el ciudadano común que viene de años de inflación, pérdida salarial y frustración económica. Para muchos argentinos, la vara moral quedó pulverizada hace tiempo.
Después de décadas de corrupción estructural, bolsos, vacunatorios VIP, fiestas en pandemia, privilegios políticos y sindicales, gran parte de la sociedad relativiza nuevos escándalos bajo una lógica brutal: «todos roban».
Eso no significa que la corrupción haya dejado de importar. Significa algo peor: que la desconfianza hacia toda la dirigencia es tan grande que una parte de la población ya no reacciona con indignación automática.
En el caso de Manuel Adorni, además, el Gobierno encontró un vocero que entendió el lenguaje de esta época.
Mientras la política tradicional habla en tono burocrático, él comunica como panelista televisivo: rápido, irónico, agresivo y emocional.
Sus conferencias no apuntan solamente a informar; buscan humillar públicamente al adversario.
Y eso, aunque deteriore la calidad institu-cional, le resulta atractivo a un electorado cansado de formalidades vacías.
Las marchas tampoco están generando el efecto esperado sobre la imagen presidencial. Hay protestas genuinas, sí.
Pero el oficialismo logró instalar otra idea potente: que muchas movilizaciones representan privilegios sectoriales antes que reclamos colectivos.
En un país donde millones trabajan en la informalidad o sobreviven sin represen-tación sindical, parte de la sociedad obser-va ciertos piquetes o paros con fastidio antes que con solidaridad.
Ahí aparece otro punto clave: Milei todavía conserva algo fundamental en política moderna -el monopolio emocional de la bronca-.
Sigue siendo percibido por muchos como alguien «en guerra» contra la vieja estructura estatal, aun cuando ya ejerce plenamente el poder.
La oposición, mientras tanto, continúa atra-pada en un problema severo: no logra construir una alternativa emocionalmente convincente. Criticar a Milei ya no alcanza. El antikirchnerismo mutó en anti-casta, y muchos dirigentes todavía no entienden que el rechazo social no era únicamente contra un partido político, sino contra todo un modo de ejercer el poder.
Cada denuncia contra el Gobierno termina chocando contra una pregunta incómoda que sobrevuela en muchos hogares argenti-nos: «¿Y los anteriores qué hicieron?»
Ese reflejo defensivo protege a Milei in-cluso en medio de turbulencias políticas.
Claro que este fenómeno no es eterno.
La historia argentina demuestra que el humor social cambia velozmente cuando el bolsillo empeora o las expectativas se derrumban. La paciencia pública tiene fecha de venci-miento.
Si el ajuste no mejora la vida cotidiana, la tolerancia frente a los escándalos podría evaporarse rápidamente.
Pero hoy, en gran parte del país, Milei sigue sosteniéndose porque todavía encarna -para millones- la idea de ruptura, castigo y revancha contra una dirigencia que perdió credibilidad mucho antes de que él llegara a la Casa Rosada.

Verdad e Investigación

Semanario del Nuevo Milenio creado el 23 de diciembre de 1985 por Jorge Tronqui

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest