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RUTAS Y AUTOPISTAS BONAERENSES ABANDONADAS Y DETERIORADAS

El estado de buena parte de la red vial provin-cial, vuelve a poner bajo la lupa la gestión de Axel Kicillof.
Mientras desde el Gobierno bonaerense se multiplican los anuncios de repavi-mentaciones, rehabilitaciones y «obras his-tóricas», en numerosos corredores los auto-movilistas, transportistas y productores siguen enfrentándose a pozos, banquinas dete-rioradas, falta de señalización y calzadas que reclaman una intervención urgente.
Hay una pregunta que resulta inevitable: ¿cuán-to tiempo más puede una provincia del tamaño y la importancia productiva de Buenos Aires convivir con rutas que, en determinados tramos, parecen libradas a su propia suerte?.
La discusión no es solamente estética. Una ruta destruida significa mayor riesgo de accidentes, vehículos dañados, mayores costos de transporte, pérdida de tiempo y dificultades para sacar la producción. Y en una provincia que se presenta como el cora-zón productivo de la Argentina, semejante situación debería ser considerada una cuestión estratégica.
El propio Gobierno de Kicillof reconoce, de hecho, la importancia de mantener la red vial. La Dirección de Vialidad bonaerense informa periódicamente trabajos de rehabi-litación, repavimentación y fiscalización de cargas. Durante 2026, por ejemplo, la Provincia anunció intervenciones en las rutas 6, 8, 24, 31, 85, 1003 y 205, entre otras.
El problema es que una cosa es anunciar obras y otra muy distinta es garantizar que toda la red se encuentre en condiciones razonables de transitabilidad.
EL MAPA DEL DETERIORO
La provincia de Buenos Aires posee una extensa red de rutas que conecta ciudades, pueblos, zonas rurales, parques indus-triales, puertos y centros de producción. Son caminos utilizados diariamente por automóviles particulares, colectivos, camiones y maquinaria agrícola.
Cuando el mantenimiento llega tarde, la reparación deja de ser mantenimiento y se transforma en reconstrucción.
Y allí aparece uno de los grandes interrogantes de la administración provincial: ¿cuánto cuesta entonces dejar deteriorar una ruta durante años para después tener que reconstruirla?.
El Gobierno bonaerense sostiene que está invirtiendo en infraestructura vial y presen-ta obras como la repavimentación de 48,4 kilómetros de la Ruta Provincial 31 y los 23 kilómetros intervenidos en la Ruta 85. También anunció obras sobre 15 kilómetros de la Ruta Provincial 205, entre Ezeiza y Cañuelas, y trabajos sobre la Ruta 6.
Pero precisamente esos anuncios abren otra discusión: Si hay tantas rutas que necesitan rehabilitación, ¿cuánto tiempo se dejó pasar antes de intervenir?.
LA SEGURIDAD NO PUEDE ESPERAR
Una ruta provincial no es una obra ornamental.
Cada pozo, cada banquina destruida, cada sector sin demarcación adecuada y cada tramo sin iluminación donde debería exis
tir, constituyen factores que pueden com
plicar una situación de tránsito.
La propia Vialidad bonaerense reconoce la necesidad de preservar las estructuras de pavimento y realiza controles de cargas para reducir los daños provocados por el tránsito pesado.
Entonces aparece otra pregunta incómoda: Si el exceso de peso deteriora las rutas, ¿al-canza con controlar camiones cuando el pavimento ya presenta daños? La política vial debería ser mucho más que reparar cuando el asfalto ya no soporta otra temporada.
Debería existir una política permanente de mantenimiento preventivo, conservación de banquinas, señalización, iluminación, drenajes y reparación temprana de las cal-zadas.
CONTRASTE CON LOS ANUNCIOS OFICIALES
La Provincia informó, por ejemplo, que durante enero de 2026 había 14 obras vinculadas con corredores hacia la Costa Atlántica, con intervenciones sobre 627,2 kilómetros entre las rutas 2, 11, 63, 74 y la Autopista Buenos Aires-La Plata.
También existen obras importantes en corre-dores metropolitanos, como la ampliación de la Ruta 1003 entre Merlo y Morón.
Pero una política vial no puede medirse solamente por cuántas obras se inauguran o cuántos kilómetros se anuncian.
La verdadera evaluación debería hacerse mirando algo mucho más sencillo: ¿En qué estado están las rutas que utilizan todos los días los bonaerenses?.
Porque para quien rompe un neumático en un pozo, para el camionero que debe reducir la velocidad constantemente para evitar destruir el vehículo, para el productor que necesita sacar su cosecha o para una familia que viaja de noche, una gacetilla oficial sobre una obra futura sirve de poco.

Verdad e Investigación

Semanario del Nuevo Milenio creado el 23 de diciembre de 1985 por Jorge Tronqui

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