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EL TERRIBLE NEGOCIO DE LA INSULINA A NIVEL MUNDIAL

Fue descubierta hace más de un siglo y sus pioneros cedieron la patente prácticamente por nada para que pudiera llegar a todos. Sin embargo, la insulina terminó convertida en un negocio multimillonario dominado durante décadas por apenas tres gigantes farmacéuticos. Detrás de cada lapicera, cartucho o frasco hay mucho más que medicina: patentes, barreras regulatorias, estrategias comerciales y una formidable concentración económica.
La historia tiene una paradoja difícil de ignorar. Cuando la insulina comenzó a utilizarse hace más de cien años, sus descubridores no pretendieron construir una fortuna alrededor de ella. La Organización Mundial de la Salud recuerda que la patente fue cedida por apenas un dólar.
Un siglo después, la propia OMS describe precios elevados, escasa competencia y pocos productores como obstáculos centrales para el acceso mundial a este me-dicamento.
Durante años, Novo Nordisk, Eli Lilly y Sanofi concentraron más del 90% del mercado mundial de insulina. Estudios académicos llegaron a estimar una participación conjunta del 96% por volumen y del 99% por valor. No significa que sean las únicas empresas capaces de fabricar insulina.
De hecho, existen otros fabricantes. El proble-ma es cuánto logran penetrar realmente en los mercados, conseguir aprobaciones regulatorias, entrar en los sistemas de com-pras públicas, garantizar escala industrial y competir con compañías que llevan déca-das instaladas.
Un reciente relevamiento mundial publicado por la OMS en septiembre de 2026, identificó 22 fabricantes de cadena completa y 34 dedicados al proceso de llenado y termi-nación, pero también señaló concentración geográfica, relaciones de producción poco transparentes, desigual capacidad regula-toria entre países y obstáculos para el regis-tro de insulinas biosimilares.
EL NEGOCIO NO ESTÁ SOLAMENTE EN LA INSULINA
Una de las claves está en diferenciar la antigua insulina humana de los llamados análogos de insulina, desarrollados para modificar su velocidad o duración de acción.
La OMS ha advertido que, en términos generales, la insulina humana puede ser clí-nicamente eficaz mientras los análogos cuestan al menos 1,5 veces más y, en deter-minados países, hasta tres veces más. Aquí aparece uno de los mecanismos más discu-tidos del mercado farmacéutico moderno: la protección no necesariamente descansa sobre la molécula original.
La insulina original podrá tener más de cien años. El negocio que se construyó alrededor de ella es permanentemente renovado.
¿CUÁNTO CUESTA REALMENTE PRODUCIRLA?
Estudios sobre costos de fabricación han calcu-lado históricamente cifras muy inferiores a numerosos precios finales observados en los mercados.
Una revisión académica estimó costos de fabricación aproximados de US$2,28 a US$3,42 para un vial de 10 ml de insulina humana, mientras que diversas insulinas análogas podían producirse, según la formu-lación, por aproximadamente US$3,69 a US$6,34, aunque algunos productos presen-taban costos mayores.
Eso no significa que el precio de venta deba equivaler al costo fabril: existen investi-gación, controles de calidad, logística, cadena de frío, regulación, comercia-lización y dispositivos de aplicación.
Pero la enorme distancia que puede existir entre fabricación y precio final explica por qué el tema lleva años bajo la lupa de organismos internacionales, inves-tigadores y autoridades de defensa de la competencia.
Según datos correspondientes a 2024 publicados por el Observatorio de Salud, Medicamentos y Sociedad de la Confede-ración Farmacéutica Argentina, Novo Nordisk concentraba más del 62% del mercado argentino de insulinas y análogos medido en valores, mientras Sanofi rondaba el 24%. También aparece competencia nacional, entre otros, mediante insulina glargina de Labora-torios Montpellier.
En Argentina la insulina se encuentra alcan-zada por el sistema de cobertura establecido para las personas con diabetes. Por lo tanto, el precio no desaparece porque el paciente no lo pague íntegramente en el mostrador. Lo paga alguien.

Verdad e Investigación

Semanario del Nuevo Milenio creado el 23 de diciembre de 1985 por Jorge Tronqui

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