SEGUNDO TIEMPO
Bueno, en la anterior no tuvo éxito. Si hizo de ‘culata’ del Uno, corrió juntando basura en los camiones, y otras pruebas que, finalmente, no le dieron resultado.
Lejos de amilanarse, tras llorar -literalmente- porque su Jefe no le dio una banca, comenzó entonces una nueva fase para ver si puede entrar en el segundo tiempo.
Regala pavas personalizadas, se puso la pilcha de ‘caminante’ y -dicen- hasta se tatuó la imagen de su jefe en el brazo.
Las apuestas están desparejas hasta ahora, pues muchos no creen que se siente a alguien como concejal por un tatuaje, pero uno nunca sabe… Y si no, acordate cuando lloró Roesler porque la sentaron a su peor enemiga -Norma Aguiar– en el HCD, o pregúntenle a Mayra la quilmeña…
