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NO ESTÁN UNIDOS, ESTÁN CERCANOS POR HAMBRE DE PODER PERO SABIENDO QUE PUEDEN SER DERROTADOS

Aunque en público hablan de unidad, en privado se esquivan, se miden y, a veces, se sabotean.
Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa son los tres nombres que orbitan cualquier estrategia del peronismo en la provincia de Buenos Aires de cara a las urnas 2025.
Pero más allá de las formalidades partidarias, la pregunta de fondo es otra: ¿pueden afrontar una elección juntos si ni siquiera comparten un proyecto, ni se toleran del todo?
Un acuerdo por necesidad, no por convicción. La idea de una gran coalición peronista en el principal bastión electoral del país, es lógica en términos estratégicos.
Sin embargo, detrás del discurso oficial, reina la desconfianza. Kicillof no quiere que La Cámpora condicione su gestión. Máximo Kirchner desconfía de los movimientos solitarios del gobernador y de los planes a futuro de Massa. Y Massa, tras su derrota presidencial, juega su propio juego: reconstruir su perfil sin quedar pegado al kirchnerismo, pero sin romper del todo con él.
Cada uno necesita al otro, pero ninguno está dispuesto a ceder demasiado.
En ese equilibrio frágil se cocina el posible acuerdo, más como un pacto de supervivencia que como una síntesis política real.
TENSIONES LATENTES
Axel Kicillof es hoy el dirigente con mayor volumen político dentro del peronismo, pero rechaza que lo encasillen como «el candidato de Cristina».
Su plan es proyectarse nacionalmente, pero sin ser prisionero del sello kirchnerista.
Máximo Kirchner mantiene el control del PJ bonaerense, pero con menos ascendencia entre intendentes y actores del territorio. Su liderazgo es resistido incluso en sectores que antes le respondían.
Sergio Massa, en tanto, trabaja en las sombras con gremios, intendentes y empresarios. Quiere volver al ruedo con un discurso modernizador, aunque con poco margen para imponer condiciones.
Lo que se pone en juego en las elecciones legislativas no es solo la representación en las cámaras, sino la continuidad del peronismo como fuerza estructural en la provincia.
El riesgo de dispersión es alto: sin una conducción firme y con múltiples tensiones internas, el espacio podría perder terreno frente a una derecha que se está reconfigurando a nivel provincial.
Con Javier Milei todavía en la cresta de la ola y un acuerdo entre el PRO y La Libertad Avanza, el peronismo bonaerense enfrenta una amenaza real. Incluso los intendentes más fuertes admiten en privado que un mal armado en la lista podría derivar en derrotas impensadas.
¿Quién lidera? La gran incógnita del espacio es el liderazgo. Kicillof tiene poder de gestión, pero rehúye del ‘dedazo’. Massa tiene ambición y estructura, pero carga con el desgaste de su paso por el Ministerio de Economía. Y Máximo Kirchner mantiene cautivo al partido Justicialista, pero no la iniciativa.
A esto se suma la ausencia de Cristina Kirchner en el día a día político. Su figura aún pesa, pero su silencio ha dejado un vacío de conducción que nadie termina de ocupar.
Si el peronismo quiere sostener el control de la provincia de Buenos Aires, va a necesitar más que una foto de unidad.
Necesita un relato común, una estrategia clara y, sobre todo, un liderazgo que ordene. Una alianza sin empatía, sólo por poder. El mayor desafío no es sólo electoral: es humano.
Kicillof, Máximo y Massa representan tres culturas políticas distintas que, en los hechos, chocan más de lo que se articulan. No hay confianza ni proyecto compartido, sólo la urgencia de evitar una derrota.
¿Cómo convivir en una misma mesa de decisiones cuando cada uno quiere imponer su estilo, su gente y su relato? El acuerdo sería, en el mejor de los casos, un pacto de reparto de poder, no una síntesis política. Y cuando todos quieren liderar, la experiencia demuestra que nadie termina liderando nada.
Esa tensión larvada, si no se resuelve, puede hacer implosionar cualquier armado antes de que llegue a las urnas.
Hoy, Kicillof, Máximo y Massa parecen más ocupados en medir fuerzas entre ellos que en construir una propuesta competitiva. El tiempo corre, y la pregunta se vuelve más urgente: ¿pueden ir juntos a una elección quienes apenas pueden sentarse en la misma mesa?

Verdad e Investigación

Semanario del Nuevo Milenio creado el 23 de diciembre de 1985 por Jorge Tronqui

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