KICILLOF, MÁXIMO Y MASSA, UN TRIÁNGULO IMPOSIBLE EN EL PJ BONAERENSE
La política argentina está acostumbrada a convivir con tensiones internas, pero pocas veces se vio un escenario tan disfuncional como el que hoy atraviesa el peronismo bonaerense.
Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa, tres figuras de peso con ambiciones propias, intereses cruzados y una historia de reproches acumulados, están obligados a dialogar, pero lo hacen desde la desconfianza mutua. Un triángulo donde las diferencias son estructurales, no tácticas. Kicillof gobierna Buenos Aires con un gabinete propio, cada vez más alejado de la órbita de La Cámpora. Cultiva una identidad propia, que reivindica la gestión, la ‘seriedad’ económica, y una agenda progresista pero autónoma.
No responde ni a Cristina ni a Máximo, aunque mantiene con ellos un canal abierto. Su entorno, en privado, ya no oculta el hartazgo con el camporismo, al que considera una carga más que un aliado.
Máximo Kirchner, por su parte, nunca digirió que Kicillof se emancipara políticamente. Lo apoyó en 2019, lo toleró en 2021, pero hoy lo considera una amenaza a su débil liderazgo territorial en el PJ bonaerense.
Su conducción partidaria es cuestionada, su liderazgo juvenil se diluye, y no logra imponer candidatos propios. Máximo aspira a recuperar centralidad, pero choca con la falta de resultados y el deterioro de su figura pública.
Massa completa el tridente. Con el capital político erosionado tras su candidatura presidencial fallida, conserva peso en in-tendentes y estructura, y juega a reconfigurar el peronismo desde una postura más dialoguista con sectores del poder económico. No comulga con la épica camporista ni con el academicismo de Kicillof.
Sabe que necesita volúmen político, pero no está dispuesto a ser furgón de cola de nadie. El problema es que ninguno de los tres quiere ceder. Kicillof se imagina armando una fuerza propia. Máximo se aferra al partido. Massa opera para mantenerse en la conversación. Todos hablan de unidad, pero la unidad que cada uno propone es con ellos al mando.
Y así, el peronismo se encierra en un laberinto de egos, heridas abiertas y proyectos inconexos. De cara a setiembre 7, esta incompatibilidad mutua se vuelve insostenible. La oposición crece en el conurbano, La Libertad Avanza gana terreno entre los jóvenes, y los intendentes piden definiciones. Si el PJ bonaerense no logra resolver su interna, corre el riesgo de llegar dividido, débil y sin conducción al próximo turno electoral. La pregunta que muchos se hacen es simple: ¿pueden convivir estos tres líderes o el peronismo deberá elegir?.
A partir del escenario político que describimos -con Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa enfrentados, sin coordinación ni liderazgo claro-, el resultado de una elección como la del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, podría reflejar un panorama fragmentado y riesgoso para el peronismo.
