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LA RENUNCIA DE VIVIANA CANOSA COMPROMETE LOS DERECHOS DE TODOS LOS ARGENTINOS

La renuncia de la conductora televisiva Viviana Canosa al canal A24, puso mas aún en evidencia el histórico antagonismo entre la libertad de prensa y la libertad de empresa o, si se prefiere, entre el derecho del periodista a expresar su pensamiento y los intereses de los dueños del medio de comunicación en el que aquél trabaja.
Si bien no es una novedad que Canosa es una periodista totalmente comprometida con la causa de Juntos, por ende no es una periodista independiente.
Inclusive, al mundillo político en general llamaba mucho la atención que pudiera expresarse de esa manera en un canal cuyo dueño, el poderoso Daniel Vila, no coincide ideológicamente con la periodista. Es probable que la presencia de Canosa en A24 le haya resultado redituable en materia de rating, razón suficiente para mantenerla en la grilla.
Durante el tiempo en que Canosa estuvo al aire, llamativamente la libertad de prensa y la libertad de empresa coincidieron.
Pero un día, Alberto Fernández abdicó el sillón de Rivadavia a manos de Sergio Massa. Todo el mundo sabe de la estrecha relación del flamante ‘superministro’ con el referido empresario de medios. Es vox populi, por ejemplo, que el tigrense suele visitar la mansión que Vila posee en Mendoza para descansar. También lo es la proximidad de Massa con José Luis Manzano, socio de Vila.
Con Massa en el gobierno Vila no podía permitir que Canosa continuara despotricando contra el gobierno, especialmente si quien estaba en la mira de la periodista era el mismísimo Massa.
De haberlo hecho hubiera atentado contra los fuertes intereses económicos que lo unen con el superministro.
Fue así que Viviana Canosa iba a dar a conocer un informe negativo sobre Massa. La reacción de Vila fue instantánea: le prohibió a Canosa difundir ese material. La reacción de Canosa también fue instantánea: presentó su renuncia de manera indeclinable.
La mentada libertad de prensa había entrado en conflicto con la libertad de empresa. Y como siempre sucede cada vez que se produce semejante colisión, triunfó la libertad de empresa, es decir, la voluntad del más fuerte, del dueño del canal. Vila no podía permitir que Canosa se saliera con la suya. Y no lo permitió.
Con tal de defender sus intereses atentó contra la libertad de prensa. Y lo hizo sin inmutarse.
Daniel Vila puso nuevamente en evidencia que «la liberta de prensa es sagrada siempre y cuando no colisione con la libertad de empresa».
La renuncia de Canosa también puso en evidencia que muchas veces los periodistas carecen de la cualidad esencial de todo genuino periodista: la independencia.
En efecto, lamentablemente los periodistas no logramos la ansiada independencia porque se termina siendo empleado del medio que los contrata.
Desde el periodista menos conocido hasta los más renombrados como Joaquín Morales Solá, Nelson Castro, Eduardo Fein-mann, Jorge Lanata, Jonathan Viale, Luis Majul y otros, trabajan en relación de dependencia.
La libertad de expresión, considerada sagrada en la Constitución Nacional, rige hasta que el poder de turno busca silenciar a quienes quieren comunicar una realidad diferente a la que modelan, desde la corrupción y el poder, los gobernantes de turno.
Cuando alguien que tiene poder y lo ejerce, directamente o a través de funcionarios suyos, para silenciar un medio, un periodista, una nota, es porque tiene cosas que ocultar, cosas que no se sepan para que no los afecten.
Porque sino, el sistema Republicando que vivimos en Argentina, permite llevar a la Justicia la ofensa, la mentira y otras situaciones que afecten al indivíduo, ya que nada garantiza que los dichos de un periodista cambie el rumbo de giro de la Tierra.
Lo ocurrido con Canosa, afecta la libertad de expresión y la libertad de conocer y saber que tiene el ciudadano común, que no se conforma con lo que pregona el oficialismo sino que quiere escuchar otras voces. Voces que son acalladas, avasalladas, amenazadas y ahogadas por quienes manejan el poder y los fondos públicos, porque en definitiva, cualquier pauta que reciba desde un humilde periodista barrial hasta el mas encumbrado a nivel nacional o provincial, la paga el impuesto del contribuyente.
O sea, ahogan la libertad manipulando lo que no es suyo, sino que lo paga el pueblo…

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