¿DESAPARECE EL ‘PESO’ Y LLEGA NUEVA DENOMINACIÓN?
El fantasma de un posible cambio monetario, algo que ya pasó muchas veces en la Argentina, comenzó a sobrevolar en los últimos días en los despachos de Economía.
Es que la constante devaluación que sufre la moneda argentina -ya sea por «goteo» o mediante los temidos saltos del dólar- hacen que la emisión de billetes de mayor denominación parezca un paso lógico.
Frente a ello, ya se advirtió que eso «aceleraría el camino hacia un nuevo cambio de moneda» en la Argentina». Es decir, dejaría de existir el peso. Esto no sería nuevo: nuestra moneda ha tenido una vida agitada y, al estilo de los camaleones, modificó su signo monetario reiteradamente a través de los años para adaptarse al contexto.
Como un mecanismo de reseteo defensivo, ante escenarios económicos complejos y signados por altos niveles de inflación, diversos gobiernos han implementado sucesivas estrategias monetarias, que se caracterizaron por la quita de dígitos en reiteradas ocasiones para volver a empezar. Cuatro veces se modificó el nombre de nuestra moneda y 13 ceros perdió nuestra principal herramienta de intercambio económico, en los 22 años que van desde 1970 y a 1992 (último cambio por el peso, que dura hasta hoy).
A partir de los años 70, entramos en un ciclo de decadencia sostenida hasta la actualidad, arrastrando a la moneda argentina, que fue cambiando de nombre a medida que había que borrarle los ceros que dejaban las hiperinflaciones. Cada cambio de moneda es «el mismo punto de inicio, pero dos pisos arriba».
Es decir, que no se vuelve nunca al punto cero, sino que se alcanzó un nivel límite de inflación, se cambió el número, el billete y la moneda, pero se acumula la inflación previa.
La inflación mundial promedio es de un dígito, pero los argentinos estamos acostumbrados a convivir con niveles mucho más elevados. He aquí el origen del problema. «Los cambios de signo monetario se originan cuando la moneda pierde la característica de reserva de valor. Esto la convierte en una herramienta formal de intercambio. Muchos piensan que solo una convertibilidad o una dolarización, que en algún sentido son similares, son soluciones posibles para estas situaciones, pero a largo plazo generan una depresión del sistema económico, como pasó entre 1999 y 2001».
Así, llegamos a tener el famoso billete de un millón de pesos, sobre el final de la dictadura militar, que se usaba para compras cotidianas, luego tuvimos el Austral del alfonsinismo, que también borró varios ceros del billete y el peso convertible ‘uno a uno’ del menemismo volvió la cuenta inflacionaria a cero hasta que el crack del 2001 sinceró nuestra realidad monetaria.
PRIMER BORRÓN:
DOS CEROS MENOS
El largo período de relativa estabilidad monetaria que se dio entre 1881 y 1970 coincide con la Argentina que mantenía aspiraciones de potencia económica entre los países desarrollados. Pero, tras varios años de existencia, el Peso Moneda Nacional fue perdiendo poder de compra a medida que fueron creciendo los índices inflacionarios de la economía nacional y eso llevó a que, en abril de 1969, se resolviera reemplazar el signo monetario a través de la Ley 18.188, que entró en vigencia en 1970.
Ese fue el primer antecedente dado que se dispuso la supresión de dos ceros en las monedas y billetes. Es decir que 1 peso Ley 18.188 equivalía a 100 pesos Moneda Nacional.
El fugaz peso argentino y el Austral: siete ceros menos
Trece años vivió el peso Ley 18.188 porque en 1983, por medio del Decreto 22.707, se reemplazó por el Peso Argentino (le sacaron cuatro ceros y 10.000 Pesos Ley 18.188 equivalían a cada peso argentino). Sin embargo, la inflación fue en promedio de 650% anual y el Peso Argentino perdió su valor.
Ante esta situación, en 1985, durante el gobierno que marcó el regreso a la democracia, se implementó el Plan Austral, un «programa de estabilización monetaria» que ejecutó el gobierno de Raúl Alfonsín. Así, el signo monetario nacional pasó a ser el Austral.
El objetivo principal de esta medida, una vez más fue contener la inflación en miras de la alta variación de precios registrada entre 1975 y 1982, años en los que el tipo de cambio respecto al dólar se devaluó en más de 200.000%. Así, la medida central de este programa fue el cambio del signo monetario. Se le quitaron tres ceros al Peso Moneda Nacional (un austral equivalía a 1000 pesos argentinos) y esto fue acompañado de un fuerte control de precios.
Pero en 1988, la economía argentina acentuó la inflación. El país había interrumpido el pago de su deuda externa y los bancos internacionales se negaban a prestarle fondos.
Alfonsín resuelve adelantar la convocatoria a elecciones y ganó Carlos Saúl Menem y, tras el resultado electoral, se acentuó la inflación, dando inicio a una etapa de hiperinflación, que alcanzó índices de 764% en mayo de 1989. La hiperinflación continuó y en 1989 el Austral se desvalorizó un 4700% respecto al dólar.
La Convertibilidad:
cuatro ceros menos
En 1991, el gobierno de Carlos Menem repite la fórmula de cambiar el signo monetario y sacarle ceros, aunque con nuevos componentes. Así, se instauró el Peso en reemplazo del Austral. Se estableció el llamado Plan de Convertibilidad, que estableció que 10.000 australes equivaldrían a un peso (se le quitaron cuatro ceros). La Ley de Convertibilidad 23.928 determinó, además, la equivalencia entre un peso y un dólar.
Sin dudas, lo que hace falta una propuesta de una nueva estabilidad de la moneda. Se debe hallar las formas monetarias que nos permitan regular el conflicto institucionalmente, ya que lo monetario es un fenómeno total y la moneda debe dejar de expresar intereses parciales, algo difícil en un país tan grande y heterogéneo, pero no imposible.


