DEFENSA NACIONAL: REEQUIPAR A LAS FUERZAS ARMADAS, ES RECUPERAR SOBERANÍA
Aviones F-16, helicópteros, blindados y nuevos sistemas militares vuelven a colocar sobre la mesa una discusión que la Argentina postergó durante décadas.
Se puede debatir cada contrato, exigir transpa-rencia y controlar cada dólar invertido.
Lo que resulta mucho más difícil de jus-tificar es que un país con la extensión territorial, marítima y aérea de la Argen-tina pretenda defenderse con material envejecido, capacidades perdidas y Fuerzas Armadas condenadas a administrar la obso-lescencia.
Durante demasiado tiempo, en la Argentina hablar de reequipamiento militar pareció casi una mala palabra.
Cada compra de un avión, un helicóptero o un vehículo blindado despertó inmediatamente la pregunta: ¿Para qué gastar dinero en armas?
La pregunta legítima, sin embargo, debería formularse exactamente al revés: ¿puede un país serio darse el lujo de no tener medios para defender su territorio, controlar su espacio aéreo y vigilar sus enormes exten-siones marítimas?
La Argentina tiene aproximadamente 2,8 millones de kilómetros cuadrados de terri-torio continental americano, un gigantesco espacio marítimo bajo jurisdicción nacional y una proyección estratégica hacia la Antártida.
Posee además recursos pesqueros, ener-géticos y minerales de enorme valor.
Y mantiene, por supuesto, una disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Geor-gias del Sur y Sandwich del Sur.
Defender semejante patrimonio con Fuerzas Armadas tecnológicamente atrasadas no es austeridad. Es vulnerabilidad.
F-16 y una capacidad que Argentina había perdido
La adquisición de 24 cazas F-16 provenientes de Dinamarca, probablemente sea el ejemplo más visible de este proceso.
No se trata simplemente de comprar aviones «más lindos» o más rápidos. Argentina había perdido en 2015, con la baja de los Mirage, su capacidad supersónica de combate.
Los primeros seis F-16 fueron incorporados operativamente en diciembre de 2025 y forman parte del lote de 24 adquirido por el país.
Eso significa que durante una década, una nación del tamaño y de la importancia estratégica de la Argentina careció de una capacidad que debería resultar elemental para cualquier sistema moderno de defensa aérea.
Y el programa F-16 incluye capacitación de pilotos, técnicos y especialistas; adaptación de infraestructura; simuladores; sensores; sistemas asociados; mantenimiento y sostenimiento durante su ciclo operativo. Incluso en agosto de este año la Fuerza Aérea y la Armada comenzaron trabajos de integración entre los F-16 y los P3C Orion, buscando desarrollar procedimientos y redes tácticas comunes.
Eso es importante porque la defensa mo-derna ya no consiste en comprar plataformas aisladas.
Un avión sin radar, logística, manteni-miento, entrenamiento, comunicaciones y armamento adecuado termina siendo poco más que una costosísima pieza de exposición.
Algo parecido ocurre con los helicópteros.
La Armada confirmó este año que continúa vigente el programa para adquirir helicópteros AW109 de la italiana Leonardo y que en marzo se había efectivizado el anticipo correspon-diente.
Y aquí aparece otro error frecuente en el debate público: pensar que todo equipamiento militar solamente sirve cuando existe una guerra.
No es así. Las Fuerzas Armadas son reque-ridas ante inundaciones, incendios forestales y otras emergencias.
Sus capacidades de transporte, comuni-caciones, ingeniería, logística y sanidad forman parte de la respuesta estatal cuando la infraestructura civil resulta desbordada.
El propio Plan de Adecuación y Reequi-pamiento Militar aprobado en 2026 menciona expresamente esta función.
Un helicóptero militar moderno puede signi-ficar evacuación, búsqueda y rescate, trans-porte de personal, asistencia sanitaria y llegada a lugares donde otros vehículos simplemente no pueden hacerlo.
La modernización tampoco termina en el aire.
El 21 de agosto de 2026 se firmó la Carta de Oferta y Aceptación que contempla la adqui-sición de hasta 235 vehículos blindados a rueda Stryker 8×8 para el Ejército Argentino.
El programa comenzó con ocho unidades M1126 y prevé diferentes variantes, inclu-yendo vehículos de infantería, puesto comando, apoyo de fuego y evacuación sanitaria.
El punto central nuevamente no es solamente comprar blindados.
La incorporación contempla repuestos, asistencia técnica, capacitación de conductores y mecánicos y adecuación logística. Además, la utilización de una familia de vehículos basada en una plataforma común permite estandarizar componentes y racionalizar el sostenimiento.
Durante años Argentina sufrió precisamente el problema contrario: sistemas de armas diferentes, material envejecido, dificulta-des para conseguir repuestos y presupuestos insuficientes para mantener operativos los equipos existentes.
Sería un error presentar la recuperación de capacidades militares exclusivamente como una política de Javier Milei.
Debería convertirse en una política de Estado argentina que sobreviva a Milei, al próximo presidente y al que venga después.
Un Estado tiene múltiples obligaciones simultáneas.
Debe educar, atender la salud, garantizar seguridad interior, construir infraes-tructura, administrar justicia y también defender la soberanía nacional.
Nadie propondría eliminar a los bomberos porque durante varios meses no haya incendios.
Tampoco tendría sentido desmantelar la defensa aérea porque Argentina actual-mente no esté en guerra.
