En las décadas finales del siglo XIX y comienzos del XX se producía en el mundo un fenómeno histórico de importancia.
Los países de Europa Occidental que encabezaban el movimiento de la Revolución Industrial experimentaban fuertes crecimientos de su población, y una progresiva urbanización y mejoramiento del ingreso de sus poblaciones, que in-crementaban rápidamente el consumo de alimentos y materias primas, pero no disponían de tierras desocupadas que permitieran ampliar la producción interna de dichos productos.
Un estudios de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria explica que eso creó una fuerte demanda insatisfecha.
Los países de América y Oceanía denominados «de ocupación reciente» pudieron responder rápidamente a esa demanda colonizando enormes extensiones de nuevas tierras agrícolas, con la ayuda de los numerosos inmigrantes y el flujo de capitales excedentes que dejaba el proceso en Europa.
Estas condiciones comenzaron a potenciar la producción de nuestros campos que saturó de productos para exportación, de tal manera que ya a fines del siglo XIX y gran parte del XX, Argentina era llamada «El Granero del Mundo».
El eje del éxito del proyecto argentino, que resultó asombroso para el país y obviamente para el Pueblo, se fundó sobre las condiciones claramente favorables del mundo contemporáneo para un país dotado como el nuestro, de extensas praderas arables, aptas para producir económicamente todo tipo de granos y carnes.
Las exportaciones de granos, cereales y oleaginosas, sus productos y derivados y la
carne constituyeron siempre, un porcentual de gran volumen en las exportaciones argentinas y en consecuencia de ello, una fuente importantísima y fundamental de divisas.
Múltiples factores convergen en la industria, hoy ya globalizada, de los alimentos, y aprovechar esta oportunidad de demanda creciente en un mundo que en el siglo XXI, enfrenta la problemática que plantea alimentar a 6.500 millones de habitantes, no es un
tema menor.
La llegada de ideas políticas que aparentaban fortalecer al trabajador beneficiándolos con parte de la producción, si bien inicialmente sirvió para solidificar la situación laboral del obrero, desde el mismo sistema político comenzaron a empoderar a los gremios actuantes, que pasaron de ser representaciones sindicales, al poder que comenzó a manejar la situación del trabajador, determinando en que momento y cuando habría pelea por sueldos, medidas de fuerza y otras actividades.
De acompañar al obrero en búsqueda de mejoras laborales y salariales, el gremia-lismo en Argentina avanzó hacia la situación casi de compartir la propiedad del lugar del trabajo, con amenazas de paros, tomas de lugares de trabajo y otras aberraciones sindicales, que jaquearon, año tras año, a los dueños de las empresas quienes, en definitiva, ante cualquier situación, debía consultar al sindicato si podía actuar o tomar alguna medida dentro de su propia inversión.
Y los gremios comenzaron a extorsionar a los ‘patrones’, obligándolos a ceder a sus pedidos so pena de paros y agresiones; chantajearon a los ‘propietarios’ quienes aparte de sueldos, horas extras y otras situaciones laborales, debieron compartir sus ganancias (…) con los obreros, y especialmente con los sindicalistas.
Y después, como ya vemos en los días de hoy, en las distintas actividades de producción, el productor debe acordar con el sindicalista si lo va a dejar trabajar o no; obligan al inversor a contratar la gente que el gremio le indica, debe pagar sueldos ‘fantasmas’, debe nombrar intermediarios entre la producción y el adquirente de la misma, y otros delitos disfrazados de ‘luchas sindicales’ que han permitido el múltiple enriquecimiento del sindicalista, el empobrecimiento del inversor – propietario, y la continuidad de la mendicidad del obrero…
OPRESIÓN, NO POBREZA
Durante las décadas en las cuales Argentina fue «El Granero del Mundo», el país tenía todos los suelos, todas las siembras, todos los climas, se criaban todos los ganados: vacunos, equinos, bovinos, camelidaes; eramos la reserva de agua dulce del Mundo, teníamos petróleo, oro, uranio, abundancia ictí-cola en nuestros mares. Todo lo que nos permitió esa denominación.
Hoy Argentina registra en las estadísticas, un 40% promedio de pobreza, con precios de alimentos y del consumo general, prácticamente inalcanzable para todos, incluyendo el trabajador.
Las carnes, inalcanzables. Frutas, verduras, hortalizas, todo inalcanzable. Combustibles con aumentos mensuales, inalcanzables. Sueldos indignos por donde se los mire.
Eramos «El Granero…», hoy dificilmente seamos siquiera el alambrado de aquel granero. Provincias pobres, chicos desnutridos, muerte infantil, gritan a los cuatro vientos que ni siquiera podemos volver a comer aquel criollí-simo asado en familia, y menos entre amigos.
Pero… ¿Dejamos de tener todos esos beneficios que durante años nos denominó «El Granero del Mundo»?
Ahí está lo peor.
Seguimos teniendo exactamente lo mismo, en tierra, en el agua dulce, en los mares, en las cordilleras. Seguimos teniendo todo, absolutamente todo lo que nos llevó a ser un granero para todo el planeta.
Entonces ¿como es que tenemos el 40% de nuestra población, pobre?
Y ahí está el tema central. NO SOMOS POBRES. No hay forma en que un argentino (ni siquiera uno) sea pobre en el país. Somos OPRIMIDOS. Nos han convencido de que somos un país pobre, para que vivamos como pobres y pensemos como pobres.
Nos han creado la ‘enfermedad’ de la pobreza, para así mantenernos ‘en tratamiento’ dependiendo de la dádiva del Estado.
Apenas unos 6 millones de argentinos trabajan dignamente en el país. Los demás están convencidos de ser pobres.
Porque saben que si el Pueblo despierta, descubre y entiende que en realidad está oprimido por los políticos de turno, el oprimido pensará en luchar para dejar de serlo, lo cual arruinaría el poder de los políticos que en nombre de los pobres y humildes del Pueblo, llegan al poder, se hacen ricos ellos y reparten ‘ayuda social’ entre los que están convendidos de su propia pobreza.
Si tenemos todo exactamente igual que en aquellos años en que éramos un granero mundial, ¿que cambió, que ahora somos pobres dentro de un país harto de riquezas?
Han convencido a gran parte -una gran parte- del Pueblo, de que son pobres, y la mayoría de ellos se ha convencido y adaptado a esa pobreza.
¿No será hora de entender la verdad, de comprender que son los políticos que nos convencen de nuestra pobreza para ‘ayudarnos’ desde el poder, hipnotizando las mentes sobre pobreza, hasta con personajes históricos fallecidos en los ‘50 y los 70’?.
Tal vez sea hora de detenerse, examinar las vidas de cada uno, y tomar medidas que correspondan, la de dejar de ser parásitos creados por esos políticos, que desarrollaron extraordinarios modelos de vagancia para cobrar y alimentarse sin trabajar, solo accediendo a que uno es pobre, y eso alcanza para seguir sosteniéndote mientras vos lo votes.
No te dirán «sos un oprimido». Te comerán la cabeza diciéndote que «si ellos no te gobiernan, no comes, no vivis…» y Vos los volveras a votar, creando así una eterna esclavitud para tus hijos y tus nietos. Pensalo.