Politiqueando

LOS QUE SE FUERON

Pocos de los concejales que dejaron sus bancas, tendrán algo serio para contarles a sus nietos…
Varios de ellos no pudieron ocultar que los ‘nombraron’ concejales para mejorarles sus jubilaciones o para «tener chapa» en sus gremios.
Berazategui tuvo en esta última gestión, una absoluta chatura legislativa como hacía años no se veía.
El lamentable poder de manejo que Mussi le entregó a Omar Acosta, quien a su vez manejó como quiso al entonces presidente Marcelo Romio, posiblemente -después de Gustavo Roesler– el peor presidente que tuvo el Concejo, sumieron al distrito en una cadena de nombrar calles y plazas con nombres de guerrilleros, de simples militantes, nombrar un picnic o una desconocida cantante «de interés municipal», otorgar títulos honoríficos a sus propios empleados, como el caso de haber nombrado a un supuesto abogado, anunciador oficial del Concejo Deliberante, «locutor destacado de Berazategui»; permitir largas ausencias en sus bancas de concejales de Jorge Sívori -un faltante consuetudinario- o Julián Amendolaggine, un vivo bárbaro que cobra en Berazategui pe-ro que trabaja en el partido de Tres de Febrero, protegido por el oficia-lismo como ocurrió con Marcos Cuellas.

Marcelo Romio, presidente del Concejo Deliberante de Berazategui


Concejales como Carlos Aicardi y Rubén Carbone, que pasaron inadvertidos -pero cobrando rigurosamente- y Nancy Vivas, que no supo siquiera hacer honor al Radicalismo al cual se suponía que representaba.

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